domingo 20 de diciembre de 2009

PÍLDORAS (otoñales)

En varias webs dedicadas al mundo del cine ha trascendido el rumor de que "Sony" ha comprado los derechos de los juegos de mesa "Risk" y "Monopoly"para poder hacer su versión cinematográfica… Si "Risk" trata de que cada jugador conquiste la mayor extensión de territorio ganando batallas con tus ejércitos; y si en "Monopoly" el objetivo es hacerse rico y arruinar a tus competidores, se me ocurre pensar que la multinacional japonesa no va a tener problemas en dar con guionistas apropiados para esas películas: ¡Incluso en la cárcel encontrarán quién pueda aportar buenos argumentos!

 

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La edición digital de la BBC realiza una pequeña encuesta entre sus lectores hispanos para saber cuál es la expresión más irritante del idioma español. La pregunta "¿Me entiendes? ", pasa por ser la frase que más encrespa a quien la escucha. Otras muletillas de odiado bagaje son: "O sea", "Te lo juro", "Te lo dije" o "¿Me explico o no me explico?”. Parece obvio entonces que odiamos este tipo de expresiones que nos hacen parecer cortos de luces… ¿Me entendéis?    ;-)

 

Me encuentro con un par de blogs donde se comenta un estudio del INE, informe que al final no he podido cotejar. En este estudio se comenta que el 97% de los internautas cuando escriben "ja ja ja" realmente no se está riendo… Vaya por Dios, que falsos que somos. Vamos a dejar la duda de que al menos un ‘ja ja’ indica una bonita sonrisa. También en los datos recogidos por el organismo de estadística se indica que el uso del "smiley" guiñando un ojo, es decir:   ;-)   Pasa a ser de los más utilizados, incluso a nivel laboral. El asunto está en quitarle un "poquito de hierro" al mensaje… ¿Me entendéis? ;-) (ja ja ja).

 

En la segunda semana de diciembre se celebró un pleno vespertino en el Congreso. Los diputados asistentes no superaron los 50. Esto me hace pensar dos cosas. La primera que el concepto de Pleno en ámbito parlamentario es bien distinto del qué me imagino, y la segunda y por supuesto más importante, que no es deseable intentar que nuestras señorías renuncien a su bien merecida siesta.

 

Joana Bonet, columnista de "La Vanguardia" escribe un breve artículo sobre el aumento de la venta de productos cosméticos en tiempo de crisis. Su artículo termina así:

"En una ocasión leí una curiosidad científica que me sobrecogió: las mujeres podemos llegar a comer 4 kilos de carmín a lo largo de la vida. Unas mil barras. A causa de los restos que dejamos, al besar, en las servilletas, en los bordes de los vasos... Tal vez sea el momento de que la nueva gastronomía empiece a experimentar con sus ceras y sus aceites para lograr una de las ilusiones que más reconfortan al ser humano: comerse a besos".

¿No os parece una maravillosa forma de acabar un artículo de opinión?

martes 15 de diciembre de 2009

RUMBO

0001cupcff La chaqueta ya cuelga del perchero y el maletín parece abandonado contra la cómoda. Entra en la cocina y calienta un café en el microondas, la taza es grande y eso le permitirá añadir leche fría con solvencia. Taciturno y cansado ha sido el primero en volver a casa. Empieza el fin de semana y el silencio exprime los últimos instantes de su reinado antes del regreso de toda la familia. Se deja caer en el sofá, y al cobijo de los almohadones abraza la necesidad acuciante de no pensar. Un primer sorbo mendigando sosiego.

Hoy más que nunca el hogar es guarida, lumbre de refugio. Cierra sus ojos un instante y regatea su desaliento. La mirada retorna con el segundo sorbo. A su lado está el periódico de ayer pero consigue desdeñar la tentación de retomar su lectura. Ya tuvo suficiente; titulares, noticias y debates, todo parece empujar al conflicto y rezuma manipulación; estar informado empieza a ser un ejercicio de autoflagelación. Una parte del mundo arremete contra la otra, la macro historia se dibuja con soberbia y bombas; mientras, en las aceras la gente lucha por sobrevivir, algunos como personas, otros a dentelladas.

Problemas y enfrentamientos, zancadillas a la vida, ambiciones que decapitan y escrúpulos que emigran para no volver; cada cual colecciona sus temores con ansiedad y él siente que no es excepción. Aún no ha terminado su café y percibe cómo el pesimismo vuelve a enrocarse en su mente. Un chasquido de su boca sustituye un reniego. No quiere pensar en nada.

Cercado por los tentáculos del abatimiento enciende la televisión, baja el volumen y, de forma mecánica salta de canal en canal. Un drama imposible con acento colombiano, un debate inútil sobre la infidelidad, anuncios de perfumes y sueños, el penúltimo revolcón en un ‘reality’, todo parece estéril y fugaz. Pero la huida se detiene ante lo que parece ser un documental, en realidad se trata de una dramatización donde un aventurero sin apenas recursos intenta sobrevivir. Aquello podría interesar y sube inmediatamente el volumen del televisor; el presentador y aspirante a héroe explica en primera persona sus planes; sin mapas para cruzar la selva amazónica y exhausto por las lluvias y el fango llega a un río, cortará unos arbustos formando una frágil balsa. La improvisada navegación le permitirá viajar más de prisa y así llegar hasta alguna zona habitada.

El postrado espectador sustituye sus sombras por la ironía; observa al explorador agotado pero ejercitando su experiencia. El protagonista sabe lo que se hace, no hay duda, pero no está precisamente solo ¿cuántas personas forman parte de su equipo?, ¿cuántos cámaras y asistentes están pendientes de que todo vaya bien?, se pregunta con sorna desde el sofá.

El explorador finalmente consigue hacer flotar la balsa y empieza a remar con la ayuda de un matojo. Mientras navega prosigue su narración, es entonces cuando una frase destaca sobre las demás y martillea al pasivo televidente.

—Puedo escoger el rumbo, pero no ir a contracorriente.

“Puedo escoger el rumbo, pero no ir a contracorriente”... Repite el espectador embutido en el sofá, al tiempo que renuncia a seguir la narración del programa anulando el sonido.

La tarde ya está madura, el sol cae vencido, y sólo el resplandor convulso de la pantalla del televisor es da luz al salón. La quietud ha vuelto al hogar y con su regreso los ruidos del exterior se perciben mejor. Los repiqueteos del ascensor anuncian que alguien llega. Se oyen risas y gritos acercándose; llega el resto de la familia.

El hombre se levanta presuroso para abrirles la puerta. Necesita sentirse a gusto y compartir proyectos y sonrisas. Ha decidido cambiar de rumbo.

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miércoles 9 de diciembre de 2009

CITAS Y... 'Citadores'

La esperanza suele rebozarse con inocencia.

(Diego Harcadas. Cocinero, acude semanalmente al psicólogo desde el incendio de su cocina, accidente acontecido durante la visita de un crítico de la Guía Michelín al restaurante que regenta.)

 

Vislumbrando grandes horizontes los tropiezos son frecuentes, aunque mirar al suelo siempre suele resultar peor.

(Natalia Nieguez. Optometrista, actualmente ingresada por conmoción cerebral tras pegarse un golpe contra una farola.)

 

Qué grandes pellizcos dan los pequeños detalles.

(Fermín Patas. Dependiente de un video-club. A la espera de juicio por supuestos tocamientos ilícitos en transportes públicos.)

 

No hay rutinas soñando con desconocidos... Aunque más de una sorpresa acabe siendo tu peor pesadilla.

(Carlos Desvelo, vendedor de colchones y somieres, aficionado a la parapsicología.)

 

Poco importa tachar números en el calendario si el color de la primavera no golpea nuestra ventana.

(Amalia Carmesí. Meteoróloga en una televisión local. Mantiene una relación con su jefe, 22 años mayor que ella y con tres hijos.)

 

Saber masticar silencios garantiza buenas digestiones, y nada más eficaz para conseguirlo que una dieta de complicidad.

(Juan Cabeceo. Endocrino. Actualmente está expedientado por escribir poemas y haikus en las sábanas del ambulatorio donde trabaja.)

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(Norman Rockwell.)

domingo 6 de diciembre de 2009

SOGAS Y CACIQUES.

A veces pienso que ante las sogas de la censura la genialidad se crece y encuentra graciosos vericuetos. Tal vez sea una manera simplona de verlo, y aunque peque de optimista, hoy prefiero creer que la mente puede encenderse ante la presión. Imaginación frente a las carencias que nos siembran, persistencia frente a la mezquindad; quizás sólo se trate de creer verdaderamente en eso por lo que luchamos.

Los caciques de la razón silencian bocas, guían pensamientos y secuestran herramientas; plantados junto a ti en una acera cualquiera, o allí arriba tras un atril, conjugan pérfidos intereses mientras su soberbia bebe el alma de sus acólitos. Pero hoy elijo el abrazo del optimismo como arma, elevarme sobre las máculas que nos salpican sin permiso y sobre todo, no pienso dar chanza a los miserables.

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Seguidme si queréis, pero no detrás de mí, junto a mi sombra.

Estad a mi lado, deslumbradme con vuestros dones. Pienso no perder detalle, os lo prometo.

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Foto 1: Piotr Kowalik. Foto 2: Oguz Altun

miércoles 2 de diciembre de 2009

PELMA Y POMPA.

Interminable. Sí, esa era la palabra, interminable; no tenía ninguna duda. La reunión iba a ser tediosa e interminable.
Jacinto Pelma se había hecho acompañar de su jefe, un personaje de melena al viento y camisa de ‘Prada’ que entretenía con su bizarra verborrea, aunque desgraciadamente también poseía una enorme capacidad para inquietarme. Efectivamente, Ricardo Pompa ingeniero jefe y responsable del proyecto, me recordaba a ese tipo de artista, escritor o músico endiosado, ya en el otoño de su vida, interpretando un personaje con actitud pragmática para elevarse por encima del resto de mortales; bien pagado de sí mismo y de su verbo, en cualquier momento sospechaba que nos iba a demostrar la cuadratura del círculo en arameo.
Pelma y Pompa volvieron a proyectar las diapositivas dónde se recopilaban los problemas que entorpecían alcanzar los objetivos previstos, hasta ahí bien, era lógico utilizar un ‘guión’ para temas tan turbios aunque, convendría recordar que ese documento había sido reportado por mí hacía ya siete meses...
La primavera terminó, los turistas llenaron las playas, las hojas de algún árbol empezaron a caer y los pajaritos, ante lo cercano del invierno, iniciaban su migración hacía tierras más australes; nuestro planeta proseguía su rutinario ciclo pero entretanto, mi cliente prolongaba su hibernación ajeno a temperaturas y responsabilidades.No se habían tomado las decisiones necesarias, era evidente que la inercia de la ‘gran empresa’ no había funcionado y ahora tocaban clarines de urgencia. Los Sres. Pelma y Pompa venían presurosos, raudos cazadores de soluciones provisionales que precisaban de colaboración inmediata; y claro, para eso estábamos nosotros.

Jacinto Pelma permanecía callado, apretaba los labios y asentía a cada afirmación de su jefe. La palidez de Jacinto junto a su perilla azabache de recorte atildado, y unas gafas que hubieran enamorado al mismísimo Andy Warhol, le conferían un aspecto de candidato a fraile benedictino con enorme ansiedad por asaltar la bodega de aguardientes de la Orden.
Ricardo Pompa disertaba sobre la importancia de que las contramedidas fueran aplicadas inmediatamente, nuestro grupo interpretaba una respetuosa atención; aunque mis pensamientos, ante una situación que podía haberse evitado, franqueaban conclusiones que traspasaban los límites de la buena educación.
Quizás fuese una traición del subconsciente, o tal vez el alambique de mi equilibrio no destiló más paciencia. Lo cierto es que casi sin querer interrumpí la perorata del Sr. Pompa.
—Bueno, lo que es indudable es que ahora toca correr... A los de siempre… —sentencié con un tono tranquilo que incluso me sorprendió.
—Hmm... ¿Qué quieres decir Gabi?
—Esto... No, nada en especial. Bueno, estaba pensando que algunas cosas llegan siempre demasiado tarde.
En la sala se masticó un segundo de silencio que rápidamente fue engullido por Pompa.
—Hoy te noto algo críptico —acertó a decir mientras mostraba su sonrisa mas adiposa —. Y como íbamos diciendo...
Él continuó con el guión, pero mis cavilaciones tenían un nuevo sujeto, o mejor dicho un nuevo adjetivo ¿críptico? Mira que me han dicho cosas, pero oír esta palabra en un entorno tan industrial encharcaba de pedantería mis trompas de Eustaquio.
Lo cierto es que la representación de Pelma y Pompa era en toda medida previsible, como previsible fue que se quedaran hasta una hora razonablemente correcta para ser invitados a comer. Era jueves y la barriga se llenaría de granos, tocaba paella.
Ya con los platos sobre la mesa, mis cavilaciones discurrían por universos ‘crípticos’, Ricardo Pompa disertaba, de forma erudita por supuesto, sobre la necesidad de que un futbolista, veinteañero y millonario, tuviese una guía espiritual e intelectual ante el desorden de recibir tan enorme salario. Yo decidí mantenerme en la retaguardia de la conversación; no ando sobrado de conocimientos de balompié, espiritualmente soy más bien parco, y en cuanto a lo de adentrarme en la cancha de ‘lo intelectual’, preferí conjugar cierta prudencia ante un interlocutor de retórica tan onanista.
Fue tras el segundo bocado de tiramisú cuando Ricardo Pompa cerró un instante su boca, miró hacía arriba y dio un codazo a Jacinto Pelma. La decoración del restaurante dejaba al descubierto tuberías y viguetas, todo de un tono oscuro que contrastaba con el resto del local profusamente iluminado.
—Mira Jacinto —espetó Pompa a su subordinado—, que techo tan prosaico tiene este restaurante.
Noté un bufido mental desde una de mis neuronas, incluso noté cierto tic en uno de mis párpados… Yo era críptico, el techo era prosaico y Ricardo Pompa era gilipollas.

Y lo peor de todo, es que aún faltaban los cafés.

sábado 28 de noviembre de 2009

MAD WORLD. De versiones y canciones tristes.

Ella me dijo que le parecía una canción triste. Yo le contesté que no podía serlo, escuchar su música me hacía sentir bien. Era evidente de que se trataba de una balada, un tema íntimo con una cadencia sosegada cuya melodía, me regalaba sus minutos de sosiego. Su quietud no me ensombrecía, más bien al contrario, sus notas resultaban un condimento que hacían especial el momento de su escucha. No, yo no nunca definiría como triste esa canción.

Gary Jules interpretando Mad World.


Parece indudable que el apego por una determinada pieza musical se fundamente casi siempre en valoraciones subjetivas. Incluso rebozando de profesionalidad nuestras apreciaciones artísticas, ellos, nuestros gustos, se moldean en base a conocimientos y experiencia. Además, en el caso de la música y su inequívoca universalidad, aumenta la facilidad de ser salpicados por connotaciones muchísimo más íntimas. Deprimente o apacible, peyorativo o descriptivo; las impresiones y los adjetivos que construyen una opinión musical brotan siempre de una esencia particularmente personal.

dondarkow470_2990 La primera vez que escuché Mad World fue en Donnie Darko, modesta y extraña película a priori, que año tras año una legión de curiosos han convertido en una genuina película de culto. Donnie Darko contenía una inmensa banda sonora, en ella se mezclaba sabiamente la magia instrumental de Michael Andrews con una excelente selección de canciones de la década de los ochenta. A lo largo del metraje de la cinta podemos escuchar éxitos de Inxs, Tears for Fears, Joy Division o Echo & the Bunnymen entre otros. Pero cabe resaltar, que a diferencia de muchas añagazas cinematográficas dónde música y celuloide se conjuran en vacuas autopromociónes, el director Richard Kelly por el contrario, sí que ‘ubica’ estas canciones con el propósito de enfatizar alguna de las escenas de su película.

En aquella banda sonora, Mad World cantada por Gary Jules resultó ser el tema que acumuló más poso en mi memoria, de hecho, durante un tiempo mi entusiasmo me llevó a pensar que Tears for Fears habían versionado unos años antes a Jules; más de un conocido, en animosa conversación cervecera, sostenía todo lo contrario. Ese debate resurgió mentalmente en el año 2006 cuando unos avezados publicistas utilizaron la versión de Gary Jules para promocionar un juego para la X-Box en un prodigioso montaje para un anuncio de la TV. Fue entonces cuando decidí gastar los minutos necesarios para disipar posicionamientos erróneos, principalmente si yo soy el que puede equivocarse.

Tenían razón los que batallaron contra mi tozudez. Tears for Fears grabaron originalmente Mad World en el año 1982... E indudablemente los arreglos eran otros.


Si empezaba está entrada con una reflexión barata sobre lo que consideramos triste, me gustaría proseguir acerca de la importancia de la producción y arreglos que se desarrollan en una composición musical. No basta un esboce sobre el piano o las cuerdas de una guitarra, el producto final que llega a nuestros oídos ha sido labrado y esculpido tras muchas horas, tras muchos pensamientos y decisiones. No es suficiente la buena idea sobre un pentagrama, la forma de llevar a la ‘realidad’ la composición puede acabar por definir su grandeza o bien al contrario, degollar sus virtudes empujándola al pozo de la mediocridad.

Se abren por tanto nuevos y muchos caminos para una canción; primero para ‘construirla’, y segundo para abrir paso a otras ejecuciones sobre el concepto original. Nos reencontramos una vez más con nuestras valoraciones personales. Una posición habitual es negar a las nuevas interpretaciones su calidad como trabajo, su capacidad de relectura sobre un original conocido y admirado; lo admito, desgraciadamente la mayoría de versiones responden a necesidades burdamente económicas e inyectadas por el único objetivo del rápido consumo. Por tanto, resulta fácil negar sistemáticamente todo aquello que huele a maquillaje barato, que admitamos únicamente al concepto inicial, una perspectiva que considero equivocada. Olvidándonos de los refritos prefabricados en una noche, que son la mayoría; lo verdaderamente importante es apreciar si la versión aporta algo nuevo, pero no pensemos en el verbo aportar como un simple sinónimo de sumar, la buena versión no intentará superar al original, la buena versión debe buscar su propio camino, el intérprete hace suya la idea y la arcilla inicial se moldeará de forma conveniente en las manos adecuadas.

De cualquier forma resulta obvio que al final, la subjetividad conducirá a los sentidos hacía su propia satisfacción, dará igual la disciplina artística, algunos se someterán a los dictados de las modas, y otros tomarán posiciones más eremitas. En el caso de la música, ese sonido especial que nos sabe tan bien acompañar, construirá día a día, canción a canción nuestra propia banda sonora. La banda sonora de nuestra vida.

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martes 24 de noviembre de 2009

REBAÑOS.

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—Míralos...
—Sí, imposible no verlos.
—Ciegos guiados por falsos cantos de sirena.
—Es la historia de siempre, y mucho me temo que no serán los únicos.
—La obediencia es la mejor excusa para muchos.
—Cierto.
—Unos para no pensar y obedecer sin más, y los otros para conseguir mandar sobre los primeros.
—La manada especula con la ‘razón’... Mal asunto.
—Ya sabes... La coherencia no suele encontrarse en el rebaño, aunque los pastores nunca lo reconocerán.
—Sin duda...

...
...
...

—¡Oye!
—¿Qué?
—¿A dónde van todos?
—No sé.
—Corre, vayamos.
—Sí sí, corramos... ¡No nos quedemos solos!

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